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Definición y ámbito de la mediación familiar

Autor: Marco Martín González

- Definición de la mediación familiar

La mediación es un procedimiento extrajudicial y voluntario creado con la finalidad de solucionar conflictos interviniendo un tercero imparcial sin poder de decisión, denominado persona mediadora familiar, que informa, orienta y ayuda a las partes en conflicto para facilitar el diálogo y la búsqueda de un acuerdo duradero y estable con el fin de evitar un procedimiento judicial, poner fin al ya iniciado o reducirlo. (ART 1 LEY DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS DE MEDIACIÓN FAMILIAR)

En realidad nos encontramos con tantas definiciones como autores y autoras destacados en esta figura de mediación.

Uno de los máximos exponentes de esta institución (John M. Haynes) define la mediación familiar como "un proceso en virtud del cual un tercero, el mediador, ayuda a los partícipes en una situación conflictiva a su resolución, que se expresa en un acuerdo consistente, mutuamente aceptable por las partes y estructurada de manera que permita, de ser necesario, la continuidad de las relaciones entre las personas involucradas en el conflicto." John M. Hayner (Ex-presidente fundador de la Academia de Mediadores de Familia de EE UU)

"La mediación, contrariamente a lo que sería un juicio, un arbitraje o una negociación, que son situaciones duales, es una situación "triangular"; implica necesariamente una tercera persona, un tercero estrictamente independiente de ambos protagonistas o antagonistas. (…). La mediación es un no poder. (…) El mediador debe suscitar la libertad" Six, J.F. (1997)

"Mediación es la intervención en un conflicto de una tercera parte neutral que ayuda a las partes opuestas a manejar o resolver su disputa. La tercera parte imparcial es el mediador, quien utiliza técnicas para ayudar a los contendientes a llegar a un acuerdo consensuado con el fin de resolver su conflicto. Este acuerdo es con frecuencia un contrato mutuamente negociado, de obligatoriedad jurídica entre los contendientes. La palabra "ayuda" es importante en este contexto. Se supone que los mediadores no fuerzan ni imponen la resolución. En lugar de ello, un mediador capacita a los contendientes para llegar a su propio acuerdo sobre el modo de resolución del conflicto, propiciando la discusión cara a cara, resolviendo el problema y desarrollando soluciones alternativas". Grover, K; Grosch, J y Olczak, P. (1996).

"La mediación es una alternativa a la violencia, la autoayuda o el litigio, que difiere de los procesos de counseling, negociación y arbitraje. Es el proceso mediante el cual los participantes, con la asistencia de una persona o personas neutrales, aíslan sistemáticamente los problemas en disputa con el objeto de encontrar opciones, considerar alternativas y llegar a un acuerdo mutuo que se ajuste a sus necesidades. (…)

La forma más útil de observar la mediación es considerarla como una intervención de solución de problemas dirigida a una meta. Tiene el propósito de resolver desavenencias y reducir el conflicto, así como proporcionar un foro para la toma de decisiones. (…) Tanto la resolución de desavenencias como el manejo de conflictos son metas complementarias y realistas de la mediación" Folger, J. y Taylor, A. (1992).

La mediación es un proceso de tratamiento de conflictos en el que se cuenta con la ayuda de una tercera persona neutral que no ofrece la solución. El conflicto es propiedad de las partes y ellas son quienes tienen que generar las opciones y alternativas para desatascar la situación. "El mediador lo que desea y hace principalmente es ponerlas en relación y procurar que los lenguajes y "las compatibilidades" sean las máximas y minimizar, en todo lo posible, las incompatibilidades". (Reina, Valero y Altaba, 2001)

En resumen, podemos definir la mediación familiar como UNA ALTERNATIVA A LA VIA JUDICIAL, es decir, un modo de resolución de los conflictos que surgen en un matrimonio que decide separarse y que recurre, de forma voluntaria, a la intervención de una tercera persona, un mediador familiar, que ejerce de catalizador entre los cónyuges. Se intenta, así, que la pareja negocie los términos de su separación, incluyendo el reparto de responsabilidades y el desarrollo de su paternidad (en el caso de que haya hijos), con el objetivo de reconstruir sus vidas por separado de la forma más armónica posible.

Se fundamenta esto anterior en la idea de que los acuerdos de separación serían más fáciles de cumplir si han sido establecidos por la pareja frente a los que dictamine un juez en un proceso contencioso de separación o divorcio.
Estos pactos, cuyo contenido redacta el propio mediador, pasan al abogado siendo instruidos en el convenio regulador de la separación presentada en el juzgado, donde la pareja los ratificará ante el juez.

- Ámbito material de la mediación familiar

La mediación va dirigida principalmente a los procesos de separación y divorcio y, en concreto, al tratamiento de los conflictos de la división de los bienes gananciales, del régimen de visitas a los hijos y de la pensión alimenticia y pensión compensatoria, aunque la mediación también se aplica en otros terrenos como es la educación, conflictos familiares, etc.

1.- La mediación familiar únicamente podrá realizarse sobre conflictos que tengan por objeto materias que sean legalmente disponibles para las partes o que, en su caso, sean susceptibles de ser homologadas judicialmente.

2.- Los conflictos susceptibles de someterse a la mediación familiar prevista por esta ley son los surgidos:
a) Entre cónyuges, siempre que hayan decidido romper su convivencia, antes del inicio de un procedimiento judicial de nulidad, separación o divorcio, durante su tramitación, en la fase de ejecución de la sentencia o en los procedimientos de modificación de las medidas judiciales.
b) En el seno de las parejas de hecho, siempre que hayan decidido romper su convivencia.
c) En el ámbito de las relaciones paterno-materno filiales, siempre que los hijos e hijas, sean menores de edad o incapacitados judicialmente.
d) Entre los titulares de la tutela y los responsables de los acogimientos familiares con los familiares de los tutelados o acogidos.
e) Entre las relaciones entre los adoptados, el padre o madre adoptivos y las familias biológicas
f) En relación con la obligación de alimentos entre parientes.” (ART 3 LEY DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS DE MEDIACIÓN FAMILIAR)


Mediación familiar como alternativa a la vía judicial

Autor: Marco Martín González


La premisa inicial y más importante para justificar esta necesidad es que una separación matrimonial no debe implicar una separación de padres e hijos, la separación o divorcio de los cónyuges no implica necesariamente que se rompa también la familia, no debemos obligar a los hijos a prescindir de uno de los progenitores sino que muy al contrario hay que fomentar en situaciones de ruptura de pareja la referencia de ambos progenitores en su crecimiento.

No debemos obviar que la separación de los cónyuges produce cambios en todos los ámbitos de influencia de la familia (padre-madre-hijos), que por otro lado es inevitable, pero, ello no tiene que significar que desaparezca la relación de los padres con los hijos e incluso de los padres entre sí con respecto a los intereses de los hijos.

Es ésta, de la separación o el divorcio, una nueva situación a la que se deben enfrentar los padres con el convencimiento fundamental de la necesidad de llegar a acuerdos y que el impacto que reciben los hijos sea el menor posible procurando que se sientan protegidos y seguros, bien cuidados, que se sientan queridos y aceptados, pero sobre todo que se les garantice una posición cómoda respecto a ambos progenitores.

Los procedimientos contenciosos de separación o divorcio se convierten en la mayoría de los casos en batallas en los que los intereses enfrentados ciegan a la mujer y al hombre (debido sobre todo a la carga emocional: agresividad, frustración, resentimiento, etc.), impidiendo salvo raras excepciones que lleguen a acuerdos de separación aceptables para ambos. Los “acuerdos” que se desprenden de las sentencias de estos procedimientos contenciosos apenas tienen garantía de ser cumplidos por cuanto que se imponen a los cónyuges mediante sentencia y salvo raras excepciones ninguno de los cónyuges está conforme con el resultado, pues se les acoge unas pretensiones y otras no, y por supuesto esta situación no es beneficiosa para los hijos.

Por otro lado el proceso contencioso de separación o divorcio de un matrimonio suele ser largo y costoso, tanto desde el punto de vista emocional como económico. Uno de los principales impedimentos para lograr una separación contenciosa que conforme a ambos cónyuges es la carga emocional que posee la pareja que se está separando y que motiva que ambos cónyuges distorsionen la realidad y produzcan sentimientos de venganza.

Así pues la Mediación Familiar representa una alternativa a la vía judicial que posibilita que la resolución de conflictos en las separaciones matrimoniales sea de un modo en el que prevalezca la comunicación constructiva, el diálogo y los intereses frente a las posiciones de las partes en conflicto impidiendo que haya que recurrir necesariamente a los Juzgados para sentar las bases del futuro de los cónyuges y de sus hijos.

Es un procedimiento que hace disminuir considerablemente la litigiosidad y que asegura un alto grado de cumplimiento de los convenios reguladores que se realizan en un procedimiento de separación o divorcio de mutuo acuerdo y un altísimo grado de cumplimiento respecto a las resoluciones judiciales dimanantes de los procesos contenciosos propiamente dichos en las que se fijan las medidas a adoptar por los cónyuges en una sentencia.

La mediación familiar es por tanto necesaria por cuanto que es un procedimiento que prioriza la corresponsabilidad frente a las obligaciones (una vez fijada en sentencia es una obligación no una responsabilidad) respecto de los hijos, es un sistema que respeta la voluntad de las partes en cuanto a la organización de su convivencia y la de sus propios hijos.

La Mediación Familiar procura paliar los efectos negativos de las rupturas matrimoniales, uno de sus objetivos es reconducir la comunicación para lograr acuerdos respecto de los hijos y establecer un "plan de coparentalidad" consensuado.

Este Plan de Coparentalidad pretende ayudar a los progenitores que no viven juntos a desarrollar el mejor entorno de convivencia posible para los hijos, dada la situación de separación. Dicha Coparentalidad parte de la base de que un equilibrio emocional del menor implica la presencia de ambos padres; y que el referente de ambos progenitores es igualmente necesario para su normal desarrollo debiéndose evitar las coacciones emocionales y tributos de dependencia económica que suponen el germen de situaciones de violencia y de un manifiesto perjuicio para los hijos.

Se trata por tanto de un método de ruptura del matrimonio que hace partícipes y responsables a los cónyuges en la solución de sus desacuerdos, y que puedan contar con la ayuda de un experto en resolución de conflictos, esta es la figura del MEDIDADOR FAMILIAR.

Objetivos y papel del mediador familiar

Autor: Marco Martín González


El mediador es un tercero que asiste a las personas en conflicto pero que no tiene la facultad de decidir sobre el mismo, es decir, el mediador no puede adoptar ninguna decisión vinculante, sino que son los propios enfrentados por el conflicto quienes alcanzarán la solución más adecuada. Marta Blanco es Doctora en Derecho, Mediadora Familiar del Punto de Encuentro del Ayuntamiento de Madrid y profesora de Derecho Civil en la Escuela Universitaria de Segovia.

La función del mediador es por tanto, facilitar la comunicación, salvar las situaciones de impás que se producen en cualquier negociación ofreciendo alternativas de solución y, fundamentalmente, ofrecer una visión de futuro de las decisiones adoptadas. Dicho de otro modo el objetivo principal del mediador es guiar a la pareja para que cada uno exponga su situación e intereses de una forma sincera y sin presiones, de modo que organicen su vida futura por separado de acuerdo a sus necesidades y posibilidades reales.

Además el mediador ha de ser neutral e imparcial (estos principios quedan protegidos al no poder ser llamado como testigo o perito en un posible proceso judicial ulterior), siendo, a la vez, importante que el mediador consiga total legitimidad ante la pareja, puesto que es un proceso que requiere de total franqueza y confianza por su parte.

La mediación puede desarrollarse antes, durante o después de un proceso judicial, pero es fundamental garantizar la independencia de ambos procesos, el judicial y el de mediación. Por eso uno de los principios más importantes de la mediación es el compromiso de confidencialidad para evitar la utilización de lo acontecido en las sesiones en un proceso judicial posterior.

Uno de los principales obstáculos a los que el mediador tiene que hacer frente para lograr una separación consensuada es la carga emocional con la que llega el matrimonio. Esta carga emocional es la culpable de que la pareja distorsione la realidad y trate de vengarse o castigar emocionalmente al otro. El mediador debe conseguir para poder pasar a la fase de la negociación que ambos se liberen de su rencor.

En ocasiones la pareja llega con un desequilibrio de poder en la que una parte está subyugada a la otra y no se atreve a expresarse con libertad. Cuando esto ocurre, es imprescindible equiparar las posiciones de poder de ambos. Sólo una vez equilibradas las fuerzas, podemos comenzar a trabajar de forma efectiva.

La tarea del mediador consiste en conocer la trayectoria de la pareja, la naturaleza de su relación, los problemas que les han llevado a la ruptura y demás datos necesarios para elaborar una radiografía detallada y realista de su situación.

Es habitual que ante el deseo de separarse, uno de los cónyuges quiera adoptar un rol que nunca ha ejercido y que será incapaz de mantener para ganarse el cariño de sus hijos. En definitiva, para ganar terreno a la otra parte. La clave está en ser conscientes de las capacidades reales de cada miembro de la pareja: habilidades, horarios de trabajo, disposición, etc. para buscar la mejor fórmula que les permita ser buenos padres.

Fases en el proceso de mediación familiar

Autor: Marco Martín González


1. Comunicación

El discurso de apertura es un "acto comunicacional humano". Por lo tanto en él se encuentran involucrados por lo menos dos seres humanos que interactúan a través de los tres elementos de toda comunicación humana, es decir a través de los componentes digitales, componentes analógicos y componentes contextuales. El acto de la comunicación es un todo, en el cual se articulan estos componentes. Desde nuestro lugar de observadores, en cualquier tipo de comunicación, podremos construir la congruencia o incongruencia entre los componentes de la misma.

Los primeros "comunicólogos" hablaron de comunicación digital, comunicación analógica y comunicación contextual. En esta forma describieron a esto, que hoy llamamos componentes, como tipos de comunicación. Probablemente lo hicieron porque no tenían aún una visión totalmente sistémica; porque quisieron facilitar la comprensión, es decir hacerlo didácticamente comprensible; o por ambas razones.
Debemos recordar que toda la comunicación humana:

- Se da entre dos o más seres humanos, quienes interactúan a través de los componentes digitales, los componentes analógicos de la comunicación, y en un contexto.
- De modo tal que si modificamos cualquiera de estos elementos varía la comunicación.
La comunicación es un saber. El ser humano la adquiere en la práctica del vivir con otros seres humanos. Es uno de los dominios del saber en el cual el grupo o la red a que se pertenezca va a tener una influencia fundamental.
Nos comunicamos como nos comunicamos en virtud de los aprendizajes, fundamentalmente asistemáticos, en los cuales hemos estado comprometidos.


2. Principios de la mediación familiar

1-. Voluntariedad y rogación de las partes en conflicto, en el sentido de que el procedimiento sólo podrá iniciarse a instancia de todas las partes en conflicto, pudiendo éstas apartarse o desistir en cualquier fase del procedimiento ya iniciado, siempre que no hubieran suscrito acuerdo alguno sobre los conflictos objeto de la mediación.

2-. Flexibilidad y antiformalismo, en el sentido de que la mediación familiar se ha de desarrollar sin sujeción a procedimiento reglado alguno, a excepción de los mínimos requisitos establecidos en la presente Ley.

3-. Inmediatez y carácter personalísimo, en el sentido de que todos los participantes, incluido el mediador familiar, han de asistir personalmente a todas las sesiones, sin que puedan valerse de representantes o intermediarios.

4-. Confidencialidad y secreto profesional, en el sentido de que el mediador familiar actuante no podrá desvelar ningún dato, hecho o documento del que conozca relativo al objeto de la mediación, ni aun después, cuando finalice la misma.

5-. Imparcialidad y neutralidad del mediador familiar actuante, en el sentido de que éste debe garantizar el respeto de los puntos de vista de las partes en conflicto, preservando su igualdad en la negociación, absteniéndose de promover actuaciones que comprometan su necesaria neutralidad o la vulneración de derechos o intereses superiores, principalmente relativos a los menores.

6-. Reserva de las partes, en el sentido de que igualmente éstas se obligan a guardar reserva de los datos, hechos o documentos de los que hayan tenido conocimiento en el curso de la mediación.


3. Reglas específicas

Se entiende por reglas a normas de conducta establecidas, que los participantes se comprometen a cumplir.

Éstas deben ser explícitamente mencionadas en el discurso de apertura.

En mediación, cualquiera sea la escuela o modelo de mediación hay dos reglas específicas:

1) no agresión

2) hablar uno por vez (hablar por turnos)

4. Procedimiento

Todas las personas que van a participar necesitan tener un conocimiento pleno de los distintos pasos instancias, que pueden tener lugar, en este apartado vamos a recoger una vista general del procedimiento que se verán desarrollados en los puntos siguientes.

Las instancias que se enumeran a continuación se encuentran en casi todos los procesos de mediación.

A.- Pre-mediación
El proceso de la mediación comienza con los primeros contactos, que puede ser:

- Que ambas partes han hablado y acordado la necesidad de recurrir a una mediación que les ayude a desbloquear la situación. Esta es la situación ideal, partimos de un acuerdo gestado por las partes y del reconocimiento de bloqueo de la situación.

- Que sean derivados de un profesional o de otros servicios. En este caso es importante valorar qué expectativas tienen las partes, qué conocen sobre la mediación o qué se les ha explicado.

- Que una de las partes de "motu propio" acude a solicitar ayuda, y las otras partes no saben nada. El mediador podrá ponerse en contacto con las otras partes implicadas y ofrecer el servicio. En este caso, es presumible que los otros protagonistas del conflicto se muestren inicialmente reticentes.

Estos primeros contactos son fundamentales para el desarrollo del resto de la mediación, dado que errores en esta primera etapa pueden llevar a que ésta nunca llegue a realizarse,

B.- Reunión conjunta inicial
Los diferentes modelos de mediación suelen iniciar la mediación propiamente dicha con una reunión conjunta, este es el momento adecuado para que el mediador dé el discurso de apertura y se firme el convenio de confidencialidad.
En el modelo tradicional los participantes exponen en este momento el problema. Después de la exposición de cada participante, el mediador hace un resumen en el cual o reformula lo dicho por el participante.

En el nuevo modelo circular-narrativo se cambia el orden, es decir se da el discurso de apertura en un primer momento seguido de la firma del convenio de confidencialidad para pasar en último lugar a preguntar a los participantes quién quiere comenzar con las reuniones individuales. En este modelo la reunión inicial conjunta es muy breve aunque sin embargo es un excelente momento para que los mediadores atiendan a las pautas de interacción que se dan entre los participantes y entre éstos y el mediador.

Este nuevo formato se ha establecido para que cada parte pueda contar su historia o la forma cómo ve la situación, sin estar mediatizado por la narrativa del otro.

C.- Reuniones individuales
Hay que anticipar en este momento que no todos los modelos de mediación tienen la misma postura acerca de la conveniencia de realizarlas, a modo de ejemplo Haynes, sostiene que la lleva a cabo sólo en los casos en los que sea estrictamente necesario, en tanto que, como hemos visto, el modelo circular-narrativo las considera muy útiles para dificultar la colonización por parte de los mediadores y de los otros participantes.

En el discurso de apertura debe quedar establecido si se realizarán este tipo de reuniones.

Es necesario que se explicite que lo hablado en las mismas será absolutamente confidencial y que sólo se trasmitirá a los otros participantes aquello sobre lo que acuerden expresamente trasmitir.

Algunos mediadores realizan prácticamente toda la mediación en reuniones individuales, y es el mediador quien lleva y trae la información entre los participantes. Se las denomina mediaciones puente. Este modelo es particularmente útil en los casos en los que ha habido episodios de violencia o cuando la relación entre las partes es muy negativa.

D.- Reuniones conjuntas
Si bien como he explicado anteriormente no todos los modelos de mediación ven con buenos ojos la necesidad de las reuniones individuales, en todos los modelos hay momentos en los cuales las reuniones conjuntas se llevan a cabo (para algunos mediadores son el tipo de reunión preferida y realizan todo el proceso de mediación en reuniones conjuntas).

Estos son:

- Para la generación de opciones
- Para la firma del acuerdo

Aunque la forma de realizarlas y las técnicas utilizadas difieren en virtud de los modelos.

Los participantes deben ser informados acerca de la realización de este tipo de reuniones en el discurso de apertura.

E.- Seguimiento
Una vez terminada la mediación, tanto en los casos con acuerdo como en aquellos en los cuales no se ha llegado al mismo, es conveniente establecer pautas de seguimiento.

Los seguimientos podrán también efectivizarse mediante visitas personales y por términos mayores (por ejemplo una vez por año durante un período de cinco años).

En los casos en los que no se llegue a un acuerdo esta pauta de seguimiento puede ser establecida por escrito o en forma verbal.
Este es el primer paso para que cada mediador pueda transformarse en un investigador, lo cual le permitirá optimizar los resultados, tanto de su centro como de la mediación en general al compartir esta información.

Este convenio de seguimiento debe ser establecido en el discurso de apertura.


5. Encuadre

Este encuadre significa establecer el conjunto de normas que regirá las distintas reuniones del proceso de mediación:

- Presentación personal.
- Explicar brevemente el proceso. En qué va a consistir (fases)
- Establecer las normas básicas. Cada parte podrá contar su historia sin interrupciones (Se pueden añadir otras normas que se consideren importantes).
- Clarificar el rol de los mediadores. Los mediadores no juzgan ni toman decisiones. El acuerdo sale de las partes. Los mediadores ayudan a mejorar la comunicación, a transformar la relación y a buscar puntos de acuerdo.
- Recordar la importancia de la confidencialidad del proceso.
- El coste económico de la mediación. Debe especificarse:
- Cómo se abonará.
- Cuánto se abonará.
- Quién o quiénes lo abonaran.
- Proporción en que será abonada. Lo usual es que sea por partes iguales.
- Cuándo se abonará.
- Si se cobrará algún adicional por la confección del acuerdo y a cuanto asciende.

- El tiempo y espacio de la mediación.

A.- Con respecto al tiempo en el ámbito de la mediación debemos referirnos a:

a-. Tiempo del proceso.
Cada proceso es una complejidad por lo cual hay muchos factores que pueden influir en la duración del mismo, es imposible indicar el número de reuniones que puede llevar la mediación que están realizando.

Si el mediador indicara desde un principio el tiempo que durará el proceso no se llegase a un acuerdo en el término establecido, el mediador perderá credibilidad y confianza, elementos, éstos, que son esenciales para el buen desarrollo de la mediación.

Sí puede el mediador indicar con datos estadísticos cual es el promedio de duración de mediaciones en casos similiares al que nos ocupa.

b.- Tiempo del encuentro.
En este punto es el mediador es el que decide cual es el tiempo óptimo para trabajar, aunque lo usual es que se trabaje por períodos de dos o tres horas de duración.

El tiempo que va a durar cada encuentro debe ser establecido de antemano, en el discurso de apertura.

c.- Tiempo de cada reunión.
Es muy importante establecer cuánto va a durar una reunión individual con una de las partes, para avisarle a la otra parte cuánto deberá esperar, asegurándole que tendrán el mismo tiempo de reunión con ellas.

B.- Con respecto al espacio nos referimos al lugar o lugares en los cuales se llevará a cabo la mediación un espacio relajado en el que se puedan sentir bien las dos partes. Un espacio libre de poder, que sea informal y cómodo, sin interrupciones y con un mínimo de tranquilidad.


6. Cuéntame

En esta fase cada parte expone su visión del conflicto tal y como lo ha vivido. Es una fase de libertad. La importancia de esta fase es la oportunidad que ambas partes tienen de escuchar ininterrumpidamente la historia desde otro punto de vista. (Recordemos en este punto que el modelo circular narrativo no sigue este esquema)

Para la parte que escucha puede resultar complicado escuchar sin matizar o añadir algunos elementos, debemos insistir en que tendrán su espacio.
En esta fase normalmente priman las emociones sobre la racionalidad y salen muchos contextos de conflicto. En ocasiones lo que se expresa como un problema es simplemente la expresión de una mala relación.

Es necesario en este punto explorar con preguntas y parafraseo (herramienta principal de la mediadora en esa fase) para poder ver cuál es el verdadero problema y no el detalle. Es importante escuchar e invitar y animar a que cuenten más, a que se desahoguen, sin embargo no se debe dar la sensación de estar interrogando a las partes, sino formular las preguntas de forma empática evitando el "¿porqué?" directo con expresiones como "cuenta más acerca de eso" o "qué más crees que hay detrás de eso".

Es necesario acceder a las causas del conflicto para poder resolverlo en profundidad y no cerrarlo en falso.

Cuando ya se han expresado las emociones y se ha transmitido información suficiente y se comienza una nueva relación, se pasa a la fase siguiente.


7. Qué tratamos

En esta fase intentamos poner un poco de orden sobre toda la información que se ha manejado en la fase anterior. Consiste en: centrar problema, clasificar y ordenar los temas más importantes para las partes.

El objetivo es ponerse de acuerdo sobre cuáles son los temas que se quieren, solucionar, los puntos que desbloquean la situación.

Una vez establecidos los temas, preguntamos a las partes si esos temas cubren los puntos que queremos tratar para avanzar hacia una solución o hacia una transformación positiva del conflicto y distinguimos cuáles son temas de interés común y cuáles conciernen a una de las partes. Consensuados los temas y organizados por prioridades.


8. Proposición de Alternativas

Se va tratando cada tema de la agenda y se hace una lluvia de ideas, propuestas de arreglo. Se recogen todas las alternativas, sin juzgar, ni seleccionar.
Se pueden utilizar algunos criterios:

- Pedir que generen ideas.
- Buscar que colaboren, que se apoyen en la generación de propuestas.
- Pedir a las partes que digan qué quieren más que qué rechazan.
- Buscar soluciones que son aceptables para ambas partes.
- Distinguir soluciones a corto plazo

En esta fase el mediador a su vez:

- Subraya las áreas que comparten las partes, los puntos de acuerdo.
- Una vez más reconoce los sentimientos asociados a cada punto a través del parafraseo.
- Enfatiza cualquier comentario u acción positiva que una parte realice sobre la otra o que muestre una voluntad de acercamiento. El mediador les dará brillo y relevancia.
- Respeta los silencios y se fija en qué se dice antes y después del silencio.
Una de las preocupaciones permanentes del mediador es dirigir el diálogo en términos de intereses, necesidades y valores y no de posiciones. Algunos elementos que ayudan en esta tarea son:
- Hacer una lista de los intereses, necesidades y valores de cada parte tal y como van apareciendo.
- Reformular posiciones incompatibles explorando a qué intereses responden.
- Señalar intereses comunes.
- Ayudar a pensar en otro tipo de soluciones que puedan satisfacer sus intereses.


9. Hacia el acuerdo: Ensamblaje de las propuestas

Se recogen todas las propuestas elaboradas para cada uno de los temas tratados y se evalúan las posibles dificultades en su puesta en práctica.

La realización de esta técnica de puesta de ideas y soluciones en común es necesaria para que cada una de las partes se vea escuchada y reconocida, lo que se busca es un acuerdo global, no particular de cada uno de sus puntos.


10. Cierre

Una vez ordenadas las ideas, las repasamos una por una y las redactamos.

Cuanto más propio sientan las partes el acuerdo, mayor es la probabilidad de cumplimiento y de una futura reconciliación. El acuerdo debe reunir unas notas características, esto es:

- Es importante que quede bien claro cómo se concreta el acuerdo. Debe responder con la mayor exactitud a preguntas: quién, cuándo, cómo, dónde….
- Todas las partes deben comprometerse en algo.
- Se ha de reflexionar sobre en qué medida lo acordado es realmente factible y qué dificultades puede presentar, lejos de dejarse llevar por la ilusión del convencimiento con el que pueden llegar a este punto.
- Es necesario utilizar un lenguaje que resulte natural a las partes evitando tecnicismos legales.

Por último daremos una copia a cada parte recordándoles que si encuentran cualquier dificultad se pueden volver a reunir para retomar el asunto.


11. Seguimiento

Conviene hacer un seguimiento del acuerdo bien de manera formal o informal.

En algunos casos, que las partes sepan que el equipo mediador va a seguir interesado en el caso ayuda a que se mantengan los compromisos.

A veces no se pueden resolver todos los temas en ese momento y se emplaza para volver a tratar alguno de ellos más adelante. Puede haber puntos esenciales que no se pueden arreglar, pero eso no es obstáculo para que se arreglen otros.

Algunos modelos de mediación familiar

Autor: Marco Martín González


A continuación vamos a hacer un breve examen de las escuelas de mediación más representativas y relevantes: Modelo Harvard, Modelos Circular Narrativo, Modelos Transformativo.


MODELO HARVARD

Este modelo en líneas generales se define como una negociación por intereses asistida por un tercero. Entendiendo el conflicto como un obstáculo para la satisfacción de los intereses.

El rol del mediador se basa en controlar la interacción, es alguien que se define como experto en la materia y guía un proceso que está estructurado.

La comunicación es bastante lineal, puesto que la génesis de este método es la negociación bilateral. Definen como necesario abrir el conflicto frenando la vuelta al pasado y poniendo énfasis en el futuro. Se tiende a desactivar las emociones negativas y reforzar los puntos de acuerdo.

Método

Este método se asienta sobre siete pilares, lo que se ha dado en determinar "los siete elementos del método Harvard":

- Alternativas: Valorar qué alternativas se tienen, cuáles son los márgenes de actuación. Este es el punto de inflexión en el que se apoyará el mediador para desatascar posibles bloqueos durante el proceso.
- Intereses: Profundizar en los intereses, de procedimiento, sustanciales o psicológicos.
- Opciones: Generar acuerdos en los que todas las partes ganen. Lo cual requiere de trabajo en equipo y de una buena dosis de creatividad.
- Criterios: Establecer criterios que permitan determinar si las soluciones propuestas son legítimas o no. Se busca máxima objetividad.
- Compromiso: Después de que las opciones hayan sido evaluadas y estudiadas, las aceptadas, pasaran a formar parte del acuerdo.
- Comunicación: Apoyar y potenciar todos los elementos que faciliten la comunicación entre las partes.
- Relación: El mediador debe tener como objetivo mixto tratar de forma exitosa los asuntos, pero también mantener una buena relación.
Los autores más destacados de esta escuela son, entre otros, Roger Fisher William Ury, Scout Brown, Danny Artel


MODELO CIRCULAR NARRATIVO

Este modelo que nace del paradigma sistémico por lo que tiene gran importancia la comunicación, especialmente el elemento circular que existe en toda comunicación, está orientado tanto al acuerdo como a la modificación de las relaciones

Una de las premisas de las que se parte es que con el lenguaje construimos y deconstruimos la realidad, por lo tanto modificando las narraciones modificamos la percepción de esa realidad.

"El contexto de mediación es un contexto de adversidad. Cuando las partes concurren a la mediación ya se han definido a sí mismas como adversarias, por lo tanto esto contribuye a la producción de historias o narraciones de acusación, reproche, justificación y negación (...)

Nuestro self es el resultado de las narrativas, de las historias que nos contamos a nosotros mismos en primera persona y de las historias que escuchamos y aceptamos (a gusto o a disgusto) de las otras personas sobre nosotros mismos" (Suares, 1996).

Método

Este método se basa en cuatro etapas, que cada una de ellas puede estar compuesta por varias sesiones de mediación. El eje central es la comunicación y el manejo de ésta.

- Pre-reunión: Esta etapa no la realiza el mediador que llevará el resto del proceso y se realiza con las partes por separado. Se quiere evitar la interacción y que se produzca una colonización de las narrativas.

Esta reunión es básicamente explicativa de:

- Las características del proceso de mediación
- De la importancia y a qué nos referimos con la confidencialidad.
- Firma del acuerdo de confidencialidad
- Honorarios
- Tiempo

1.- Primera etapa: reunión conjunta (esta es la primera etapa en la que interviene el mediador que va a llevar el proceso)
a.- Encuadrar el proceso
b.- Establecer las reglas: Confidencialidad, todos van a hablar, todos tendrán reunión individual, todos tendrán reunión conjunta, no deben interrumpirse, cualquiera, si quiere puede irse y explicitar las alternativas que tienen.
c.- Aceptado el procedimiento se comienza, normalmente preguntando quién contacto con el servicio de mediación, una vez recogido, se les pregunta quien quiere comenzar con la reunión individual.

2.- Segunda etapa: reunión individual
a.- Conocer bien el problema
b.- Ver cuáles son los objetivos, recursos, necesidades, peticiones a la otra parte, contribuciones para solucionar el problema
c.- Borrar el discurso de los derechos con el que normalmente argumentan cada una de las partes.
d.- Circularizar
e.- Conocer qué soluciones han intentado y que evidentemente no han funcionado.

3.- Tercera etapa: reunión interna o del equipo
a.- Reflexionar en el caso
b.- Construir una historia alternativa que reúna los siguientes requisitos:

- Legitimar a las personas que tiene problemas
- Contextualizar el conflicto
- Establecer una historia positiva para todas las partes
- Predecir las dificultades.

4.- Cuarta Etapa: Reunión conjunta
a.- Narrar la Historia Alternativa
b.- Construir el acuerdo

- Nuevas opciones, ventajas y desventajas de cada una de ellas
- Encontrar una solución nueva

c.- Escribir un acuerdo provisional
- De forma positiva
- Muy claro: con conductas que puedan ser observables
- Temporal, estableciendo criterios de evaluación.

El nacimiento de este modelo se le atribuye a Sara Cobb. Otra de las grandes teóricas del modelo circular narrativo es autora Marinés Suares.


MODELO TRANSFORMATIVO

El objetivo de la mediación transformativa no es el acuerdo sino el desarrollo del potencial de cambio de las personas al descubrir sus propias habilidades. Se centran en las relaciones humanas para fomentar el crecimiento moral, promover la revalorización y el reconocimiento de cada persona.

Una parte resulta revalorizada en la mediación cuando alcanza una comprensión más clara de lo que le importa y por qué, de cuáles son sus metas y sus intereses. Se busca potenciar la revalorización respecto a las metas, a las alternativas, a las habilidades, a los recursos y con respecto a la decisión.

El reconocimiento hace referencia a la voluntad de abrirse más, ser más empáticas y sensibles a la situación del otro.

El acuerdo solo se lograra en la medida que los participantes encuentren una nueva mirada del otro y de si mismos.

En la mediación transformativa se alcanza el éxito cuando las partes como personas cambian para mejorar, gracias a lo que ha ocurrido en el proceso de mediación.

Método

Se programan reuniones preferentemente conjuntas aunque el mediador puede introducir alguna individual si así lo estimara.

El mediador trata de introducir una comunicación relacional de causalidad circular.

En las entrevistas se procura que cada parte potencie su protagonismo y pueda reconocer su cuota de responsabilidad en el desenvolvimiento de la controversia y la que corresponde a su oponente.

Esta escuela tiene un fuerte predominio terapéutico y sus postulados son seguidos preferentemente por los mediadores con formación psicoanalítica.


El desarrollo de este marco teórico se les atribuye a Baruch y Folger, quienes buscan cambiar a la gente, no solo las situaciones, esta es la fuerza de la visión transformadora del conflicto y de la mediación.

Conveniencia de la intervención del mediador cuya profesión de origen sea la de abogado

Autor: Marco Martín González


Hay que tener presente en todo momento que en el conflicto que es tratado en un proceso de mediación, existe la posibilidad de requerir la intervención de la justicia, lo que implica que el mediador debe ser idóneo para acercar a las partes y asistirlas para encontrar la forma de conciliar sus intereses y necesidades dentro del marco del derecho.

En el campo de la mediación podemos entender por conflicto, un proceso entre las partes con predominio de las posiciones antagónicas y que son conducidas por un tercero. Así pues debemos considerar a la mediación no como una institución para resolver conflictos sino como la institución que ayuda a las partes a encontrar una forma adecuada de encarar sus disputas, que les permita llegar a un acuerdo.

Pero lograr un acuerdo que finiquite una disputa, no es el único objetivo de la mediación pues el protagonismo de las partes es otro que lo diferencia sustancialmente de la forma de resolución de conflictos dentro del proceso judicial.

La mediación permite a las partes trabajarlo de una manera integral posibilitando el libre asentamiento transformándonos en sujetos activos, pero esta alternativa no implica prescindir del derecho

Es decir, la tarea del mediador va más allá de los objetivos de una buena actitud psicológica, cuando se plantean conflictos con derivaciones jurídicas, patrimoniales o no, el mediador debe dirigir la operación hacia terrenos aptos para una solución aceptable y legalmente sólida.

La omisión de esta “aptitud” práctica, en la mayoría de los conflictos llevados a mediación, produciría un acuerdo de ficción, que se derivaría en nuevos conflictos cada vez más difíciles de resolver, por la alta dosis de descreimiento en la institución que estas contradicciones producirían

El mediador debe conocer que los efectos de dicho acuerdo, quedan limitados por el contexto y la estructura en los que se insertan y que necesariamente deben preservar los principios rectores del derecho.

El conocimiento técnico y científico del elenco normativo por parte del mediador es una herramienta, si bien no la única aunque a mi entender sí la mas importante, que le permite conducir el proceso de un modo constructivo y coadyuva a que el posible acuerdo al que lleguen las partes resulte viable y judicialmente irrefutable.

Por lo tanto se requiere que el mediador trabaje activamente no sólo en la resolución del conflicto, sino en prevenir que el mismo se retroalimente, situación que puede generarse si se prescinde o desconoce el ordenamiento jurídico.

Así como resulta imprescindible y predominante la actuación de un mediador abogado, también en muchas oportunidades se requiere la intervención interdisciplinaria para fomentar la reflexión, aumentar el protagonismo de las partes y valerse de las herramientas que aportan otras disciplinas.Hay que tener presente en todo momento que en el conflicto que es tratado en un proceso de mediación, existe la posibilidad de requerir la intervención de la justicia, lo que implica que el mediador debe ser idóneo para acercar a las partes y asistirlas para encontrar la forma de conciliar sus intereses y necesidades dentro del marco del derecho.

En el campo de la mediación podemos entender por conflicto, un proceso entre las partes con predominio de las posiciones antagónicas y que son conducidas por un tercero. Así pues debemos considerar a la mediación no como una institución para resolver conflictos sino como la institución que ayuda a las partes a encontrar una forma adecuada de encarar sus disputas, que les permita llegar a un acuerdo.

Pero lograr un acuerdo que finiquite una disputa, no es el único objetivo de la mediación pues el protagonismo de las partes es otro que lo diferencia sustancialmente de la forma de resolución de conflictos dentro del proceso judicial.

La mediación permite a las partes trabajarlo de una manera integral posibilitando el libre asentamiento transformándonos en sujetos activos, pero esta alternativa no implica prescindir del derecho

Es decir, la tarea del mediador va más allá de los objetivos de una buena actitud psicológica, cuando se plantean conflictos con derivaciones jurídicas, patrimoniales o no, el mediador debe dirigir la operación hacia terrenos aptos para una solución aceptable y legalmente sólida.

La omisión de esta “aptitud” práctica, en la mayoría de los conflictos llevados a mediación, produciría un acuerdo de ficción, que se derivaría en nuevos conflictos cada vez más difíciles de resolver, por la alta dosis de descreimiento en la institución que estas contradicciones producirían

El mediador debe conocer que los efectos de dicho acuerdo, quedan limitados por el contexto y la estructura en los que se insertan y que necesariamente deben preservar los principios rectores del derecho.

El conocimiento técnico y científico del elenco normativo por parte del mediador es una herramienta, si bien no la única aunque a mi entender sí la mas importante, que le permite conducir el proceso de un modo constructivo y coadyuva a que el posible acuerdo al que lleguen las partes resulte viable y judicialmente irrefutable.

Por lo tanto se requiere que el mediador trabaje activamente no sólo en la resolución del conflicto, sino en prevenir que el mismo se retroalimente, situación que puede generarse si se prescinde o desconoce el ordenamiento jurídico.

Así como resulta imprescindible y predominante la actuación de un mediador abogado, también en muchas oportunidades se requiere la intervención interdisciplinaria para fomentar la reflexión, aumentar el protagonismo de las partes y valerse de las herramientas que aportan otras disciplinas.

Intervención de otras disciplinas en la mediación familiar

Autor: Marco Martín González


Podemos decir que al tratarse de una alternativa extrajudicial de resolución de conflictos, la mediación ha sido abordada por profesionales provenientes del trabajo social, dada su eminente formación y vocación hacia el servicio social con respecto a los problemas de interrelación y convivencia entre las personas en los más diversos ámbitos, también por profesionales provenientes de la psicología, por tratarse de una disciplina orientada a canalizar los conflictos y las emociones de las personas en conflicto hacia situaciones de aceptación, tolerancia y tranquilidad en la toma de decisiones particularmente importantes en sus vidas.

En el mismo sentido, se ha incorporado la óptica de la sociología que aporta una mirada macro sobre la familia y los cambios que se han producido en su estructura y su relación con el mundo y de cómo ello sustenta a la mediación como una institución imprescindible en la resolución de conflictos intrafamiliares hoy en día.

Abordaremos en este momento de un modo breve la posición o cabida de estas disciplinas en la mediación familiar:


La mediación desde el Trabajo Social

Podemos decir que es una disciplina que trata de sintonizar el área social de su intervención, con las necesidades y características propias de los individuos y su entorno inmediato, la familia. Por tanto, se puede afirmar que la acción de mediar y ayudar a lograr acuerdos entre partes en disputa, se encuentra en la esencia misma del trabajo social.
La mirada desde el Trabajo Social hacia la mediación está condicionada por tres ópticas:

La mediación como fórmula de intervención en conflictos, se encuentra en la matriz del Trabajo Social. El Trabajo Social encuentra su campo de acción como disciplina orientada a la articulación y fortalecimiento de la capacidad de comunicación, entendimiento, negociación y acuerdo entre partes en disputa, en un ejercicio basado en el compromiso, la idoneidad profesional, la libertad de las partes y el respeto mutuo, es decir, la mediación.

El fundamento de base del Trabajo Social hacia la mediación está dado por potenciar en las personas su propia capacidad de resolver los problemas inherentes de la vida en sociedad, evitando llegar a la resolución judicial, especialmente en lo concerniente a conflictos al interior de la familia.

Una segunda óptica del Trabajo Social respecto de la mediación, supone una disposición de la disciplina hacia las personas, no como individuos solitarios sino pertenecientes a un colectivo, una familia, y desde esa perspectiva social es de donde puede abordarse un problema.

Desde la disciplina del Trabajo Social se entiende que no debe ponerse el énfasis en el conflicto sino en las potencialidades y sinergias del individuo como responsable de su propio destino.

El papel del Trabajo Social en este escenario de mediación se basa en ayudar a descubrir esas potencialidades, a destacar y explicitar la fuerza y los recursos que los individuos poseen y que deben volcar hacia el objetivo de hablar un mismo idioma y consensuar acuerdos y decisiones, basados en sus propias lecturas de la realidad y del conflicto, pero orientadas profesionalmente hacia la participación abierta y equitativa de las partes, maximizando la eficacia de las relaciones y los acuerdos.

Una última aproximación desde el TS hacia la mediación, dice relación con la necesidad primordial de un tratamiento multidisciplinario de los conflictos, especialmente los de carácter familiar, dada la inmensa variedad y complejidad de los factores involucrados.

El TS aborda su formación desde una visión integradora y sintetizadora de los conocimientos con la mayor apertura epistemológica disponible para ayudar a comprender y focalizar los puntos irresolutos de una negociación y adoptar las estrategias de intervención pertinentes.

En conclusión, el Trabajo Social tiene como un elemento consustancial a su esencia el manejo de herramientas de negociación y arbitrio entre partes en conflicto como el caso particular de la mediación familiar. El ámbito de la familia constituye el universo más cercano de interrelación de los individuos y por ello es el campo de intervención primordial para detectar origenes y desarrollo de conflictos que devienen separación de pareja. La óptica del Trabajo Social es abierta hacia el resto de las disciplinas e integra en su formación profesional un abordaje interdisciplinario del conflicto y de su administración.


La mediación desde la Sociología

Desde esta perspectiva analítica, la mediación familiar corresponde a una tendencia de la resolución de conflictos íntimamente ligada a las transformaciones de la institución "familia" en las últimas décadas.

Estas transformaciones tienen relación con la disminución observada del número de matrimonios y así como un aumento en la cohabitación, las separaciones y los divorcios. También ha sido detectado un incremento en las familias monoparentales, como también un aumento de familias recompuestas, es decir, hogares en que al menos uno de los miembros tiene pasado matrimonial o de pareja y la custodia de uno o más hijos. Estos cambios provocaron que la familia como institución sufriera importantes modificaciones en una tendencia debilitante.

El desafío de la familia actual estaría dado por la capacidad de garantizar a cada miembro del grupo familiar un espacio donde vivir, y desde el cual desarrollar su autonomía individual por la vía del diálogo y la negociación de acuerdos, cuestión impensable décadas atrás en que las estructuras represivas eran menos flexibles.

Estos espacios dentro de la familia también agregan una dosis de inestabilidad a la institución del matrimonio, la cual ya no se aprecia formalmente como para toda la vida, sino que ahora es posible poner fin a la relación, es decir, el formar una familia con todas las características que ello conlleva, especialmente los hijos, ya no necesariamente pasa por una institucionalidad pública, el matrimonio civil, sino que esa decisión aparece como un asunto de libre elección. Pero se trataría de una libertad en torno a las decisiones de "pareja", no de "familia".

Esta situación ha sido advertida por la ley, de tal forma que han surgido vías alternativas de regulación para solucionar los inherentes conflictos familiares. La mediación, entonces, se orienta hacia la estimulación de la autodeterminación, la comunicación y la responsabilidad personal. La condición fundamental es saber comprender y aceptar las diferencias, respetando los espacios de autonomía y libertad que los miembros de una familia poseen, en la perspectiva de reequilibrar las posiciones y evolucionar hacia otra forma de familia que resguarde las garantías, derechos y deberes para con los demás miembros del núcleo, primordialmente los hijos.

El objetivo que busca el tercero mediador no es ofrecer soluciones a los miembros de la familia en conflicto, sino evidenciar las necesidades de cada cual, priorizar los intereses en juego en la negociación para que las propias partes definan los términos de su acuerdo de la manera más satisfactoria posible. La apuesta es que las personas poseen las herramientas para construir altos grados de consenso en temas delicados y sensibles, sin perder el respeto por su propia historia. Aquí el mediador asume la responsabilidad del proceso, pero no del resultado.

Esta disciplina identifica algunas premisas básicas de la mediación:

- El conflicto puede ser positivo. No debe evitarse, negarse o suprimirse. Debe ser bien administrado.
- Los involucrados en un conflicto desean resolverlo, y es fundamental que negocien los propios implicados.
- La mediación debe considerar la perspectiva futura, de manera que refleje las necesidades de las partes y esté abierta a mecanismos de revisión posteriores.
- Debe separarse claramente desde un principio la conyugalidad y la parentalidad.

Debe quedar claro que la mediación es un espacio de reconocimiento de emociones, no es una terapia de pareja.
En conclusión, la Sociología observa la familia desde una macroóptica que le permite identificar las tendencias de esta institución cultural en la dinámica de los cambios experimentados por la sociedad en las últimas décadas. Las transformaciones de los roles tradicionales al interior de la familia, desde la determinación histórica hacia la autonomía y la autorrealización, así como las modificaciones de la familia a la luz de la nueva sociedad competitiva e individualista, permiten particularizar la relativización del vínculo conyugal, no así del vínculo familiar, el cual se aprecia y valora fuertemente. Allí, la mediación permite la negociación de roles y responsabilidades en procesos conflictivos de mutación de una estructura familiar a otra.


La mediación desde la Psicología

Esta disciplina aborda un nivel de asistencia al conflicto muy específico que dice relación con la interacción entre las partes y la comunicación como dispositivo fundamental de la negociación.

El enfoque de la psicología pone actualmente el énfasis en las potencialidades y competencias psicológicas del individuo orientadas a la explotación de sus propios recursos en la búsqueda de soluciones.

El cambio de perspectiva de parte del psicólogo mediador debe apuntar hacia la planificación de estrategias de intervención, que potencien la actitud activa de las personas en conflicto familiar asumiendo su propio liderazgo en la búsqueda de acuerdos, pero atendiendo a la eliminación de la crisis y pérdida como factor patógeno y a la instalación, como objetivo final, de la reorganización de la nueva estructura familiar, insistiendo en la participación de todos los involucrados, particularmente los hijos.

A modo de conclusión con respecto de la influencia de esta disciplina en el ámbito de la mediación familiar podemos decir que el psicólogo aporta su habilidad para manejar reacciones emocionales y también su capacidad para canalizar el sentimiento de pérdida que acompañan a quienes pasan por experiencias de desavenencia y conflicto de pareja, permitiendo una mayor comprensión a los otros profesionales mediadores acerca de los problemas latentes u ocultos en los individuos o en las parejas y que pueden pasar inadvertidos en una primera aproximación mediadora.6.8 Intervención de otras disciplinas en la mediación familiar.

Efectos del divorcio en los hijos

Autor: Marco Martín González


Hay que tener desde un principio como idea cierta que la separación o divorcio de los padres transforma completamente la vida de los hijos, y esta transformación se traduce en la perdida de la intimidad cotidiana con uno de sus padres, su orden familiar y que se sientan abandonados por uno de ellos.

En definitiva, en los hijos existen sentimientos de pérdida, tristeza y ansiedad, se sienten menos protegidos, menos cuidados y consolados e incluso produciendo efectos a largo plazo originados por los cambios producidos en sus actitudes y en su propia imagen.


1.- Necesidad de una separación o divorcio sin efectos colaterales

Lo deseable sería poder hablar de una separación o divorcio sano desde el punto de vista de los hijos, esto implicaría que a pesar de que en todas las separaciones de los padres se genera un sufrimiento en los hijos, este no es un sentimiento que debiera impedir de por sí que puedan desarrollarse normalmente, pues las fronteras del sistema parental, en este sistema de separación o divorcio sano, se conservan e igualmente se conservan las posiciones de los padres como tales en cuanto al cumplimiento de sus obligaciones.

Atravesar la transición del divorcio sin consecuencias psicosociales graves para los hijos es posible dependiendo del tipo de arreglos interpersonales que se hayan desarrollado dentro del sistema familiar, es decir, la familia debe mantenerse lo suficientemente ligada como para que los hijos no pierdan el sentimiento de pertenencia, y a la vez, ser lo suficientemente flexible como para acomodarse a los cambios.

El motivo más importante de los trastornos en los niños es el estancamiento en alguna etapa del proceso de separación o divorcio, que no permite construir y afianzar una nueva organización familiar viable, la ausencia de esta nueva organización hace a todos los miembros más vulnerables al estrés y al estancamiento en sus vidas individuales.

La resolución de la crisis de la separación o divorcio en relación a los hijos, está estrechamente ligada a la capacidad de los padres para generar acuerdos, esto es, si los padres logran acuerdos respecto a los hijos desde los primeros momentos de la separación, los hijos logran una mayor competencia social, los acuerdos sobre regímenes de visitas preservan la salud mental de los hijos, siendo más importante la estabilidad en los encuentros con el padre no conviviente que su frecuencia;

La separación es una experiencia muy diferente para los padres y para los hijos, muchas veces lo que es bueno para los padres no lo es también para los hijos.
La diferencia en las situaciones entre padres e hijo estriba en que mientras para los padres la separación o divorcio constituye una nueva oportunidad que les permite reconstruir sus vidas, volver a enamorarse, aprender de errores pasados y crecer psicológicamente, para los hijos constituye la pérdida de su estructura familiar, fundamental para su desarrollo, y deben acomodarse a nuevos modos de organización familiar.

No hay fundamentos para sostener que la mayor felicidad del adulto lo volverá necesariamente más sensible o preocupado por sus hijos. Muchas veces, las circunstancias que enriquecen la vida de un adulto pueden determinar que se encuentre menos disponible para sus hijos.


2.- Reacciones de los hijos frente a la separación o divorcio

Una cuestión lógica cuando estamos ante una situación de separación o divorcio es que los hijos del matrimonio experimenten una serie de reacciones, lógicamente adversas, ante tal situación, sin ánimo de realizar una enumeración taxativa de estas reacciones pasamos a enumerar las más comunes:

- Podemos decir que en “todos” los casos la primera reacción de los hijos frente a la separación o divorcio es el temor, una profunda sensación de pérdida y tristeza, extrañamiento del padre que se ha ido, temor de no volver a verlo y preocupación por el bienestar de sus padres.
- Sentimiento absoluto de soledad por cuanto que los padres están muy preocupados, deprimidos y desorientados por la situación en la que se encuentran, y es poca la disposición que en los primeros momentos tienen para sus hijos.
- Los hijos se sienten rechazados. Cuando un padre abandona al otro, los niños lo interpretan como si los abandonaran a ellos.
- Sentimiento de impotencia frente a su incapacidad para influir en el acontecimiento que se está viviendo. Los sentimientos de culpa frente al divorcio pueden constituir una defensa frente a la impotencia. Es preferible sentirse culpable, que implicaría alguna posibilidad de control sobre la situación, que impotente, que generaría sensaciones de total desamparo.
- Conflictos de lealtades, la separación de sus padres es vivido como una riña entre dos bandos y los hijos sienten que deben tomar partido.
- Sensación persistente de que la pérdida de la familia no es definitiva y los niños suponen que puede ser remediable, un simple saludo puede ser interpretado como un signo de acercamiento entre sus padres.
- Temor, mas que los hijos de familias intactas, al fracaso matrimonial. En su transición a la madurez se renuevan los sentimientos y recuerdos vinculados al divorcio.

Estas reacciones adversas por parte de los hijos se ven paliadas en mayor medida cuando existe el apoyo de la red familiar por cuanto que es de suma importancia en estos momentos. Esta red familiar es importantísima y extremadamente eficaz cuando:
- Acepta la separación de los padres
- No toma partido por ninguna de las partes
- Brinda ayuda emocional y financiera,
- Sostiene al padre custodio en sus funciones parentales
- Se preocupa sobre todo por los niños.

El papel de los abuelos puede ser fundamental, no sólo en los primeros momentos, sino a lo largo de todo el proceso. También las relaciones fraternas pueden ser muy importantes. Los hermanos se procuran contención y apoyo mutuamente.

Por otro lado, es importante destacar la influencia de género ante situaciones como son la separación o divorcio. Se observan diferencias en cuanto a que:
Los hijos varones parecen tener mayores dificultades para atravesar la crisis, tanto en intensidad de sentimientos como en su duración, es más frecuente que presenten más problemas escolares y mayor irritabilidad.

Las niñas se sienten igualmente perturbadas, pero demuestran sus sentimientos con menos violencia, retrayéndose, volviéndose más ansiosas o comportándose excesivamente bien.

Las niñas muestran una mejor adaptación en la etapa inmediatamente posterior al divorcio. Mantienen un mejor desenvolvimiento social, escolar y emocional.


3.- Formación de una nueva familia por parte de uno de los padres

Es una nueva situación que genera a los hijos sentimientos de doble pertenencia por cuanto que:
- Los hijos del primer matrimonio no se sienten miembros plenos de esta nueva familia.
- Suelen sentirse inseguros en cuanto a si realmente tienen un lugar en esa nueva familia formada.
- Sienten que carecen de un papel determinado en la nueva familia formada por uno de los padres.
- Sienten una pérdida de intimidad con el padre que se ha vuelto a casar.
Todo esto les genera confusión, celos y nuevas angustias, que pueden traducirse en conductas conflictivas, agresivas o de retraimiento.


4.- Diferencias en cuanto a la edad de los hijos

Atendiendo a la edad de los hijos al momento de la separación o divorcio pueden distinguirse tres categorías siguiendo un criterio evolutivo: pre-escolares, escolares y adolescentes.

A.- Pre-escolares

- La total dependencia física y psíquica de sus padres, hace más fuerte el temor al abandono.
- Las limitaciones de su capacidad de comprensión imprimen características particulares a su experiencia ya que su razonamiento lógico depende de su experiencia, y sus nociones de tiempo, distancia y relación causa-efecto no están aún plenamente desarrolladas (pueden pensar que si un padre ha desaparecido el otro también puede desaparecer fácilmente).
- Dada su dependencia y su comprensión limitada de los acontecimientos pueden reaccionar mal ante la separación o divorcio.
- Es posible que presenten las siguientes conductas:
a.- 0 a 12 meses: caprichos, irritabilidad, tristeza o insensibilidad, que constituyen respuestas al estrés y la depresión maternas.
b.- 1 a 2 años: llanto exacerbado, dificultades para estar lejos de la madre aunque sea por un momento, porque la necesitan cerca para sentirse seguros, uso de sustitutos maternos (pj: muñecos de peluche), dificultades para irse a dormir o permanecer dormidos.
c.- 3 a 5 años: reincidencia en viejos hábitos (pj: chupete), posesividad y orden excesivo, comportamiento excesivamente bueno, excesiva agresividad.

B.- Escolares

a.- 6 a 8 años: dificultades para adaptarse a los cambios que implica el divorcio:
- Dificultad para concentrarse en el colegio, agreden a sus padres o se aislan.
- Prevalecen en ellos las sensaciones de pérdida, rechazo y culpa, y es la edad en la que se observa con mayor frecuencia e intensidad conflictos de lealtades respecto a sus padres.
- Les preocupa mucho perder al padre no conviviente y ser reemplazados.
- Aprovechan la competencia de los padres por su afecto y lealtad, e instrumentan conductas manipulativas.
- Pueden mostrar una excesiva responsabilidad.

b.- 9 a 12 años: dependencia de los padres para su estabilidad. Les importa mucho la imagen social de su familia y de sus padres.
- Temen que el escenario de sus vidas se derrumbe y se destruyan sus planes presentes y futuros, y esta ansiedad se refleja en su comportamiento:
- Suelen enfrentarse con sus padres, y aliarse con uno de ellos para atacar al otro.
- Su propia inseguridad y su pensamiento maniqueo, los hacen proclives a las alianzas propuestas por sus padres.
- También se preocupan por sus padres, y se empeñan en ayudarlos, y realmente pueden brindar cariño, compañía y cuidados.

C.- Adolescencia

Es frecuente que los adultos esperen de los adolescentes una adaptación sin problemas a la separación o divorcio, porque son mayores y pueden comprender, aunque la realidad es que la disolución del hogar es especialmente perturbadora para ellos porque necesitan que su estructura familiar los ayude a contener sus propios impulsos agresivos y sexuales. Estas situaciones producen una serie de efectos:
- Se sienten muy ansiosos frente a la vulnerabilidad de sus padres y les preocupa su futuro. Les perturba ver que sus padres son personas con impulsos y problemas sexuales, cuando ellos están tratando de enfrentarse con su propia sexualidad.
- Tienen la sensación de que la brecha generacional se ha violado, se enojan con sus padres y se sienten abandonados.
- El proceso de separación puede verse obstaculizado por un bloqueo del desarrollo de la autonomía, quedándose en el hogar, ocupando el lugar de enfermos, de niños o de compañeros del padre conviviente.
- Abandono precipitado del hogar familiar, que generalmente se produce cuando son adolescentes que viven sin control parental. Los padres están demasiado preocupados y deprimidos, y disminuyen la parentalidad o ejercen una seudo-parentalidad.
- Para los adolescentes varones la relación con el padre es de suma importancia para lograr la separación.

Existen dos factores identificados, que pueden proteger el desarrollo de los adolescentes:
- Una visión realista y equilibrada de ambos padres, para que puedan tomar de cada uno lo que necesitan para su desarrollo, sin rechazar a ninguno.
- El compromiso de ambos padres respecto a ellos, su amor y su respeto por su individualidad y su independencia.


5.- Conductas recomendables para padres separados o divorciados

Todos estos aspectos anteriormente relacionados pueden facilitarse si los padres adoptan una actitud adecuada en el momento de la crisis y después de ella. Las siguientes constituyen algunas pautas a seguir:
- Preparar a los hijos, cuando la separación es inminente, para lo que vendrá. Ser cuidadosos con lo que les dicen y cómo se lo dicen pues será recordado por mucho tiempo. El sufrimiento en los hijos es inevitable, pues se desestructura el núcleo familiar, pero hay muchos modos de mitigar ese sufrimiento.
- Comunicación conjunta de los padres la decisión de la separación o divorcio. De este modo, se transmite una decisión conjunta, madura y racional.
- Comunicárselo a todos los hijos al mismo tiempo. Si hay diferencias de edades muy marcadas, en un segundo momento se puede hablar por separado con cada uno, adecuando las explicaciones a cada edad.
- Comunicárselo a los hijos cuando la decisión de la separación o divorcio está firmemente tomada, y con anticipación al día en que el padre que se vaya del hogar.
- Explicar claramente la situación que se avecina, las consecuencias de la separación o divorcio. En el caso de los adolescentes, conviene explicarles el proceso legal y las decisiones que es necesario tomar.
- Explicar las razones del divorcio, sin entrar en detalles como infidelidades o problemas sexuales.
- Explicarles que ellos no son responsables de la separación y que no está en sus manos recomponer el matrimonio.
- Decirles que saben que van a sufrir y que lamentan causarles ese sufrimiento.
- Decirles que es una crisis a afrontar por toda la familia.
- Dejarlos participar opinando sobre las decisiones a tomar, aunque no sean ellos los que deciden.
- Decirles que todos deberán esforzarse para mantener la importante relación entre padres e hijos.
- Decirles que el divorcio es un problema entre adultos y que no afecta en cuanto a la relación entre padres e hijos.
Los hijos deben reconocer la realidad de la separación y aceptarla, para poder continuar creciendo familiar e individualmente.


6.- Participación de los hijos en la mediación familiar

La posibilidad de que un tercero interceda la solución de un conflicto adquiere un cariz particular cuando se trata de una disputa cuando hay niños involucrados.

Hablar de los objetivos de la mediación familiar supone hablar directamente de cosas que afectan a los niños de forma directa o indirecta. En ciertos temas no se recomienda su participación directa, sin embargo, en otros cuidadosamente manejados por un mediador experto su aporte puede ser crucial.

Los objetivos de la mediación apuntan a todos los aspectos referidos a la reorganización familiar, incidiendo de un modo especial en que la separación de la pareja no puede afectar al vínculo existente entre padres de sus hijos. El proceso de separación consiste en la disociación de la conyugalidad y la parentalidad que antes estaban fusionadas.

Una cuestión importante con respecto al tema trat5ado en este capítulo en decidir sobre la necesidad o no de la presencia de los menores en el proceso.
Los diversos autores más representativos en esta institución entienden:

- John Haynes, sostuvo que la decisión de traerlos o no a la mediación se tomaría al final del proceso luego de logrados los acuerdos. Cuando son citados al final del proceso, se les informan los acuerdos y el mediador les explica las consecuencias del divorcio con especial énfasis en su inexistente responsabilidad en lo sucedido, y en que los padres los quieren y seguirán siendo sus padres por siempre y que no tienen que elegir entre ellos, finalmente preguntándoles su opinión sobre los acuerdos. Obviamente ésta reunión sólo se realiza si los padres están de antemano dispuestos a modificar sus acuerdos, en cuyo caso los hijos salen transitoriamente de la sala mientras los padres deciden qué hacer .

- Folberg y Taylor proponen la participación de los hijos solicitando su opinión poco antes de la decisión final otorgándoles de esta manera un sentido de participación y donde también se les informa sobre las características de la separación. El mediador debe evaluar si este encuentro se realiza en el hogar sólo con la familia o en el centro de mediación.

- Marinés Suares es clara al afirmar que ha entrevistado a los niños desde el principio de su trabajo, y que nunca ha dudado de los beneficios que esto aporta al proceso, entiende que la participación de los hijos es esencial a cualquier edad, adaptándose a su nivel de desarrollo y aclarándoles que ellos no deben tomar decisiones, ni ser testigos, ni acusar a nadie.

Las razones para la inclusión de los hijos en la mediación son fundamentalmente motivos psicológicos como la generación de un clima de confianza en que puedan, padres e hijos, expresar su punto de vista respecto a la reorganización familiar y que esto les permita actuar en consonancia. Las entrevistas con toda la familia ayudan a construir y verificar hipótesis a partir de la observación directa de las interacciones.

Respecto de la forma los cita en forma individual o familiar conjunta, adecuando lugar, materiales, y duración al nivel de madurez de los participantes. También pone énfasis en la necesidad de entrenamiento del mediador en este tipo de procedimientos. Finalmente recomienda utilizar para la devolución de la información la intervención “historia alternativa”, es decir, una construcción que resulta de las diversas narrativas de los diversos individuos o grupos entrevistados.

- Carolina Gianella, mediadora argentina del equipo de Marinés Suares Mediando, entiende que es necesario que participen opinando sobre las decisiones a tomar pero sin tener la responsabilidad de decidir, de no ser así los hijos pueden sentir que su opinión no cuenta y sentirse impotentes ante la incapacidad de influir en un hecho tan trascendente en sus vidas.

- Marcos Lemer, mediador español, en general plantea que el niño sea oído en la etapa interdisciplinaria prejudicial, pero esta información es entregada al juez de familia de tal manera que le sirva de guía para el proceso.

- Wallerstein y Kelly, sostienen que los padres pueden escoger citar a los hijos en las etapas de búsqueda de opciones o toma de decisiones siempre que la realidad de la familia lo permita. Los niños y adolescentes deben además entender y aceptar en definitiva cual será la nueva organización familiar lo que resulta menos dificultoso cuando han participado ella.

- Lia Mastropaolo, representante de la Escuela Genovesa de Mediación Familiar, en su metodología de trabajo prioriza la cuestión de “cómo es mejor organizar la vida de un hijo que tiene los padres separados, metiéndose en su piel”. A menos que haya una fuerte y clara oposición de los padres siempre los invita a la primera entrevista aunque no los haga participar en ella.

Esto con la finalidad de liberar a los hijos que están muy implicados en la separación de sus padres, evaluar la resonancia que tiene la separación sobre ellos y sobre sus progenitores, conocer el contexto familiar de la separación, para informarlos sobre el proceso.

No los invita a la segunda sesión como una forma de evitar que se transforme en un tercero en discordia redefiniendo así su participación y la de los padres en el proceso. El cambio de perspectiva es, sin duda, sumamente trascendente en relación a los casos antes mencionados, sin embargo, siguen siendo los adultos los que tienen la última palabra.

- Osvaldo Ortemberg, mediador argentino, considera indispensable un trabajo con visos terapéuticos según el cuál debido al frecuente apego con la madre y rechazo hacia el padre que manifiestan los hijos en esta situación, realiza un trabajo previo sólo con el padre y los hijos, y sólo después de resuelta esta represión, trabaja con la familia completa.

- María José Amestoy, mediadora española, diferencia 2 tipos de intervención: mediación matrimonial, con la pareja, y mediación familiar cuando participan niños, a los que llama menores, ya que requieren un abordaje distinto y e incluso cambios en el equipo mediador.

Esta diferenciación estaría dada por fines operativos y no en función de la primera demanda que hace la familia.

Participan un psicólogo mediador en paralelo con uno clínico que realiza el apoyo terapéutico, trabajando con miembros individuales que lo requieran y con toda la familia, un trabajador social hace el seguimiento y muy eventualmente participan abogados.

- Dorothy Huntington, considerando las necesidades de desarrollo de los niños y adolescentes sostiene que de acuerdo a sus características personales y a su nivel de madurez, deben participar en los encuentros y formar parte de las decisiones tomadas sobre su propio futuro y necesitan saber además que éstas pueden cambiar.

En mi opinión, entiendo que la participación de los hijos tendría una serie de ventajas y desventajas.
- Sería por un lado ventajosa porque posibilita al hijo que de su opinión sobre puntos que le afectan, muestra su percepción de la situación y viceversa que permiten a los padres concretar las auténticas necesidades del hijo.
- De otro lado que podría ser gravosa en el sentido que se puede involucrar a los hijos en el conflicto más de lo que están, pretender que tomen partido, que hablen exponiendo argumentos que escuchan en el entorno familiar expresándolos como propios, que a un progenitor no le guste lo que digan y abandone la mediación, o se sienta no querido o descalificado por el hijo.

Así pues, entiendo que para tomar la decisión sobre la conveniencia o no de traer a los hijos a la mediación habría que tener claros una serie de aspectos.

- En un primer momento realizar un estudio de la situación, es decir, capacidad y experiencia del propio mediador en entrevistar a niños, acuerdo expreso de ambos padres y decisión sobre la presencia de estos, madurez del niño, lugar de encuentro, entre otras,
- Que la decisión, una vez abordado lo anterior, debe ser tomada de forma extremadamente prudente por ambos padres y el mediador.
- Tener presente en todo momento que la finalidad de traer a los menores y adolescentes a la mediación es la de escucharlos.

6.1.- Efectos de la participación de los hijos en la mediación familiar
Basaré esta parte del tema a tratar en un estudio elaborado por la mediadora australiana, Jennifer McIntoch, sobre los efectos de la inclusión de los hijos en mediación en separación conyugal, evaluando aspectos cuantitativos y cualitativos.

En dicho estudio participaron 13 familias con niños que habían completado el proceso de mediación en 4 etapas:

1° Trabajo con los padres: focalizado en las necesidades de los hijos y la posible influencia de sus decisiones en ellos.
2° Entrevista con los hijos: realizada por un mediador entrenado en el trabajo con niños distinto al que conducía la mediación y supervisado por un psicólogo clínico infantil.
3° Devolución de la información: El mismo mediador, que trabajó con los hijos, informó a los padres y al otro mediador sobre las necesidades detectadas, la eventual influencia de las decisiones en los hijos, y otros asuntos de interés que aparecieran en la entrevista como dudas de los hijos u otros tipos de apoyo que éstos requirieran.
4° Continuación de la mediación: teniendo en cuenta la información antes señalada.

Además se formó un grupo control con características similares y con la única diferencia de que no se realizarían entrevistas a los hijos.
Se realizó un seguimiento en los hogares 8 a 10 semanas posteriores a la etapa 3°, realizando entrevistas individuales a cada miembro de la familia y a los hijos también por grupos de hermanos. En un plazo similar se realizó también seguimiento del grupo control.

Los resultados más importantes fueron los siguientes:

- El 88,2% de los niños entrevistados, 15 de 17, de entre 5 y 16 años, valoraron como un gran beneficio el hablar con el entrevistador de sus ideas, dudas y preocupaciones, sin la presencia de los padres.
- El 91% de los padres del grupo de estudio expresaron haber sentido, antes de la mediación, temor a cómo afectaría la separación a sus hijos, similar situación se presentó en los padres del grupo control. La mayoría valoró como positiva la participación de los hijos tanto para éstos como para ellos mismos, en cuanto a la capacidad de compartir emocionalmente, saber qué pensaban, aclarar y encontrar las mejores soluciones. Además, los padres reconocieron que sus propios conflictos les habían impedido hablar con los hijos. Algunos comentaron que se habían sentido ansiosos o culposos por lo que podrían decir los hijos, sólo en un caso una madre comentó que el proceso le había traído dificultades.
- Los padres del grupo de estudio manifestaron además que habían ganado con la participación de sus hijos en comunicación y capacidad de resolución de problemas. La mayoría de los padres del grupo control informó que no pensaban que los hijos ganaran algo debido a que sus padres asistieran a mediación.
- Muchos padres comentaron que había sido muy aportador para los hijos el hablar junto a sus hermanos.
- Muchos comentaron que había sido muy positivo, a pesar de asistir por otras razones, rever el tema de los hijos ya que pudieron solucionar situaciones que consideraban ya resueltas con ellos. Además que el estar más juntos como padres les había ayudado a resolver problemas no tan directamente relacionados con los hijos.
- Los mediadores pensaron que en casos de mucho conflicto los padres no atenderían a la devolución de las entrevistas con los hijos, pero muy por el contrario se mostraron especialmente atentos.
Según el presente estudio, habrían trascendentales elementos para pensar que la participación de los hijos en mediación familiar en separación conyugal aportaría importantes beneficios a todos los miembros de la familia involucrados en la disputa.

6.2.- Conclusión
Estudiados los efectos y las reacciones de los hijos inmersos en un proceso de separación o divorcio entiendo que en ningún momento hay que perder de vista a los hijos en el proceso de mediación, confirmado por el estudio de Jennifer McIntoch. Además, la inclusión de los hijos en la mediación familiar está en consonancia con el principio lógico como es la participación de todas las personas involucradas en la disputa.

Como he reseñado mas arriba se aprecia la existencia de una gran diversidad de enfoques por los distintos mediadores respecto a como llevar a cabo la participación de los hijos en estos procesos, pero, aunque no hay consenso en la forma, todos los mediadores investigados coinciden en la innegable trascendencia de la presencia de los mismos, en uno u otro momento, en el proceso.

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